Los vidrios autolimpiables se distinguen por la capacidad de mantenerse limpios de forma permanente sin necesidad de usar productos químicos ni de realizar un mantenimiento frecuente. Y esto es posible gracias a un revestimiento especial que se activa con la luz solar y el agua de lluvia, y que elimina la suciedad orgánica e inorgánica depositada sobre su superficie. Dicho de otra manera, ofrecen todas las ventajas del cristal, pero apenas requieren esfuerzo.
En particular, los vidrios autolimpiables incorporan una capa de un material mineral fotocatalítico e hidrófilo, generalmente dióxido de titanio y sílice, que se aplica durante el proceso de fabricación. Y es esta ligera envoltura la que posee la propiedad de reaccionar ante la luz solar o el agua de lluvia, descomponiendo y desprendiendo la suciedad acumulada sobre el vidrio. De esta forma, se evita la necesidad de limpiar regularmente para mantener la superficie acristalada en perfecto estado.

